ACTUALIZACIÓN de boletín epidemiológico (mayo 2000)

En Argentina, según la Ley Nacional de SIDA (Ley Nº 23.798) aprobada en 1990, el Ministerio de Salud de la Nación registra las personas enfermas de SIDA. Para ello, la ley establece la obligatoriedad para médicos y/o instituciones de salud públicas y/o privadas de enviar en un formulario especial la notificación de enfermos de SIDA dentro de las 48 horas de confirmado el diagnóstico, así como el fallecimiento de un enfermo y las causas de muerte. A pesar de esto se observa un gran retraso en la notificación de enfermos de SIDA que llega hasta dos o más años posteriores al diagnóstico. Las nuevas autoridades están abocadas a corregir este problema y están trabajando con los responsables provinciales con el objetivo de adoptar medidas concretas para ello.
Desde 1982, cuando se notificó en Argentina el primer paciente con SIDA, el registro se lleva en el Ministerio de Salud.


LOS ENFERMOS ACUMULADOS DESDE ENTONCES HASTA EL 15 DE MAYO DE 2000, FECHA EN QUE SE REALIZÓ ESTE ANÁLISIS, SON 17.142 ENFERMOS, DE ESTOS 12.732 CORRESPONDEN A HOMBRES, 3.074 A MUJERES Y 1.214 A NIÑOS MENORES DE 15 AÑOS.


Para visualizar la evolución del número de enfermos por años, en esta actualización se presentan los datos de los enfermos registrados según períodos de tiempo. Se agruparon todos los ocurridos entre 1982 y 1990, luego se consideran los datos en períodos bianuales (gráfico Nº1). Se observa que hasta 1990 las mujeres y niños enfermos eran muy pocos. Entre 1991 y 1994 se registra una tasa de crecimiento en las mujeres de alrededor del 400%, mientras que en los hombres el crecimiento es menos marcado; sin embargo, siempre hay más hombres enfermos que mujeres.
En 1997-98 los enfermos totales son menos que el bienio 95-96, sin embargo por la gran demora en la notificación es posible que esto cambie y los valores se igualen o superen si llegan casos con gran retraso. Es necesario señalar que las mujeres enfermas han aumentado en el bienio 97-98 más que los varones, cuya tasa de crecimiento fue negativa en casi un 20%. Respecto al período 99 y parte del 2000 no es posible aún realizar análisis por el retraso en la notificación.
Los niños, que representan el 7% del total de los enfermos (uno de los porcentajes más altos de América), han tenido un crecimiento del 515% entre 1982-90 y 1995-96, con una discreta caída (16%) para el bienio 1997-98 que, debido al retraso en la notificación, aún no permite un mayor análisis. El impacto diferencial de la epidemia ente los hombres y las mujeres también puede verse cuando se analiza la relación entre ambos sexos. En los primeros años de la epidemia se registraron 13 hombres enfermos de SIDA por cada mujer, cifra que disminuyó a tres hombres por cada mujer en el último período (gráfico Nº2).
Esta razón hombre/mujer no es uniforme en el país, ya que existen provincias donde es de 2 o aún menos como Santa Cruz, Chubut, Salta y San Luis; esto significa una incorporación creciente de la mujer como población vulnerable frente al SIDA.
La distibución geográfica de las personas con SIDA en el país varía de acuerdo al momento evolutivo de la epidemia. Es así que en los últimos años tiende a verse mayor
concentración de personas enfermas en la provincia de Buenos Aires y dentro de esta en el conurbano bonaerense (alrededor del 80%), seguida por la Ciudad de Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba. Estas cuatro jurisdicciones sumaban alrededor del 90% de los enfermos hasta 1993, en hombres, mujeres y niños. En el período 1994-2000 este porcentaje disminuye alrededor del 86%, apareciendo un importante número de personas enfermas en las provincias de Mendoza, Misiones, Salta, Tucumán y San Juan (gráfico Nº3).
Respecto a la edad de los enfermos, la mayor parte tiene entre 25 y 34 años, tal como puede observarse en el cuadro Nº1. En el primer período analizado (1982-90), la proporción de este grupo de edad supone un 39% del total de enfermos, mientras que en período 1991-2000 llega al 53%. Las mujeres representan una proporción más importante en el segundo período analizado (1991-2000) en todos los grupos de edad pero principalmente, en los menores de 34 años.
Si se considera la evolución de la edad de las personas enfermas en el tiempo, evaluada a través de la mediana, se observa que en los hombres se ha mantenido alrededor de los 31 años, mientras que en las mujeres ha aumentado paulatinamente para pasar de 23 a 30 años entre el período 1982-90 y 1999.
EL VIH SE TRANSMITE POR DISTINTAS VÍAS, LA MÁS FRECUENTE ES LA SEXUAL. EN LOS HOMBRES, ESTA FORMA DE TRANSMISIÓN COMPRENDE LAS RELACIONES ENTRE HOMBRES, QUE LLAMAREMOS HSH (HOMBRES QUE TIENEN SEXO CON HOMBRES), Y LAS RELACIONES CON MUJERES (HETEROSEXUALES) CUANDO NO SON PROTEGIDAS CON EL USO DEL PRESERVATIVO. LA TRANSMISIÓN SANGUÍNEA INCLUYE LAS TRANSFUSIONES Y LA DEBIDA AL CONSUMO DE DROGAS INTRAVENOSAS (UDI).

Debido al adecuado control de la sangre que se transfunde alcanzado en los últimos años, la infección por esta vía es muy baja, no así por el consumo de drogas intravenosas.
En nuestro país se observan diferencias importantes en la evolución de la epidemia entre hombres y mujeres (gráfico Nº4). Entre los primeros, ha disminuido la proporción de hombres que tienen sexo con hombres pasando del 58% en los años 1982-90 a menos de la mitad en los años 1997-98. En cuanto a la transmisión heterosexual que sólo representaba un 5% en los primeros años, ha pasado al 26% en el último período. Entre los enfermos usuarios de drogas inyectables se ha producido un notable aumento entre el período 1982-90 y 1992, manteniéndose estable hasta 1997-98 en que se empieza a producir una ligera disminución. Entre las mujeres ha habido un aumento continuado de la transmisión heterosexual desde el inicio de la epidemia, mientras que ha disminuido paulatinamente la transmisión del VIH entre usuarias de drogas inyectables.
En ambos sexos ha descendido la transmisión por transfusiones de sangre, aunque en las mujeres es mayor que en los hombres en todos los períodos debido a que en la edad joven las mujeres requieren transfusiones de sangre más habitualmente que los hombres, especialmente por problemas gineco-obstétricos. Por el contrario, ha crecido la proporción de enfermos en los cuales no se notifica la vía de transmisión, lo que refleja un deterioro en la calidad de la información suministrada.


Con respecto al nivel de instrucción, en general es más bajo en las mujeres que en los hombres, con el paso de los años se ha visto una disminución de la escolaridad en ambos sexos. Como puede verse en el gráfico Nº5 ha habido una disminución constante de la educación superior (secundaria completa y/o mayor) y paralelamente, ha aumentado la proporción de enfermos con instrucción primaria incompleta en ambos sexos, pero de forma más pronunciada entre los hombres que en las mujeres. Esto es un indicador indirecto de que la enfermedad ahora está afectando más a las personas pobres y con menos recursos, evidenciando tal vez que los de sectores más educados y con mejores niveles de ingreso se protegen más con el uso del preservativo en las relaciones sexuales.
El nivel de educación alcanzado es uno de los índices que se utilizan para medir el nivel socioeconómico; en Argentina, es el que se usa más frecuentemente por la dificultad de usar datos como el nivel de ingreso personal o familiar.
Desde 1996, año en que se comenzaron a utilizar los tratamientos antirretrovirales de alta eficacia para el SIDA, el diagnóstico y tratamiento precoz a las personas infectadas por VIH no enfermas supuso un gran cambio en la evolución de la epidemia. El control y/o tratamiento en períodos incipientes de la infección, así como las asociaciones terapéuticas de dos o más drogas, logró mejorar la calidad de vida y prolongar los años de vida en forma muy evidente no solo entre los infectados. Esto generó un cambio en el seguimiento y análisis de la epidemia ya que solo el registro de los enfermos es insuficiente. Es necesario conocer el número de los infectados y su evolución para vigilar el progreso de la epidemia y también para establecer las necesidades de tratamiento y atención. Es importante diferenciar a la persona infectada por el virus de inmunodeficiencia humana (VIH) de la persona enferma que presenta SIDA.

LA INFECCIÓN POR VIH ES 'TODA CONDICIÓN SINTOMÁTICA O NO, EN LA QUE UN INDIVIDUO SUCEPTIBLE HA ENTRADO EN CONTACTO CON EL VIH Y COMO RESULTADO, EL VIRUS HA PENETRADO EN SU ORGANISMO, COLONIZANDO SU TEJIDO LINFOCITARIO Y/U OTROS TEJIDOS, ESPECIALMENTE EL SISTEMA NERVIOSO CENTRAL".

El SIDA representa el estadio clínico más avanzado de la infección por el VIH, el cual afecta al sistema inmunológico, condicionando la aparición de enfermedades oportunistas, neoplasias inmunodependientes y otras entidades patológicas como la encefalopatía y el síndrome caquéctico. A estas enfermedades secundarias, que son las que caracterizan y definen al SIDA, se les ha llamado "enfermedades indicativas o marcadoras de SIDA".



En Argentina, a través del proyecto LUSIDA, que desarrolla el Ministerio de Salud con el Banco Mundial en el período 1997-2001, se inició el establecimiento de sitios centinela, sistema que recoge información sobre personas infectadas por VIH en los bancos de sangre, consultantes de servicios de Enfermedades de Transmisión Sexual, mujeres embarazadas que acuden a la consulta prenatal, presos, ingresantes a las fuerzas armadas, consultantes de laboratorio general y de centros de detección confidenciales y voluntarios. Actualmente aportan datos 17 jurisdicciones. Durante 1998 y 1999 se recolectaron datos procedentes de testeos voluntarios a 134.500 mujeres embarazadas, 451.252 donantes de bancos de sangre y 8.224 internos en algunas prisiones del país, entre otras poblaciones estudiadas. Los datos de las mujeres embarazadas que concurren a los controles prenatales constituyen una buena representación de la población femenina sexualmente activa, muy afectada por la epidemia. En el caso de los donantes de sangre hay que señalar que no son representativos de la población general, ya que existen que existen condiciones de exclusión de los mismos que se promueven a través de una autoencuesta y de información: folletos, videos y otros materiales, que se distribuyen o presentan en los bancos de sangre. Respecto a los consultantes de Servicios de Enfermedades de Transmisión Sexual y los prisioneros representan grupos de población con riesgo incrementado para el VIH. Los consultantes a Centros de Detección Voluntaria también son una población particular, ya que la mayor parte de las personas que acuden voluntariamente sospechan que han pasado por una situación de riesgo y, por lo tanto, la frecuencia de la infección es mayor que en la población general. Según estos datos, en Argentina 5 de cada 1.000 mujeres embarazadas están viviendo con el VIH mientras que en el caso de los reclusos estudiados esto se eleva a casi 20 de cada 100. En el caso de los donantes de bancos de sangre, la prevalencia encontrada es de 2 por cada 100 personas.

LA MORTALIDAD POR SIDA
El Programa Nacional de SIDA y ETS recoge información sobre pacientes con SIDA que han fallecido. Esta información está establecida por la Ley Nacional de SIDA, que refiere la obligación de los médicos de informar el fallecimiento de las personas al Programa Nacional dentro de las 48 horas de ocurrido el evento. Sin embargo, dado el subregistro de la mortalidad por SIDA existente, se utilizan las estadísticas procedentes del Programa Nacional de Estadísticas de Salud del Ministerio de Salud, que sistematiza la información contenida en los certificados de defunción.
En el año 1998 el total de defunciones por SIDA (1.673) representaron un 0.6% del total de muertes ocurridas por todas las causas en la Argentina (280.180), pero en el grupo de 15 a 44 años esta proporción alcanzó el 6.8% entre los varones y 4.4% en las mujeres, ocupando el 3º y 4º lugar, respectivamente, entre las causas de muerte más frecuentes en esa franja de edad, después de los accidentes de transporte y los eventos violentos. Ese mismo año el SIDA, fue la primera causa de muerte en el grupo de 15 a 44 años en la ciudad de Buenos Aires, alcanzando un 17% del total de defunciones. También fue la primer causa de muerte entre los hombres de este grupo de edad de la provincia de Santa Fe y la segunda en ambos sexos en la provincia de Buenos Aires, después de los sucesos violentos.

Ministerio de Salud
Programa Nacional de Lucha contra los Retrovirus Humano, SIDA y ETS

Unidad Coordinadora Ejecutora VIH/SIDA y ETS.

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LUSIDA - Proyecto de Control del Sida y ETS
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