Cáncer de próstata

El cáncer de próstata es un tumor maligno originado en las células prostáticas. El subtipo más frecuente se denomina adenocarcinoma.Es el cáncer de mayor incidencia en hombres en nuestro país y ocupa el tercer lugar en mortalidad, luego del cáncer de pulmón y el cáncer colorrectal en varones.

Este tumor suele crecer muy lentamente, por lo que a menudo no presenta síntomas tempranos. En etapas avanzadas, los síntomas más frecuentes son: aumento en la frecuencia al orinar, flujo urinario débil, urgencia al orinar (aunque estos síntomas también pueden presentarse en enfermedades benignas de la próstata), sangrado en la orina y dolor pélvico o lumbar.

El cáncer de próstata es una enfermedad cuyo desarrollo, evolución y gravedad varía en cada persona, es por eso que se recomienda consultar al médico ante la aparición de cualquier síntoma. En caso de un diagnóstico positivo, las opciones de tratamiento deben ser debidamente explicadas por el profesional y discutidas con el paciente, para que tenga conocimiento de los procedimientos, riesgos y efectos adversos antes de decidir la terapia o intervención a seguir.

Este tumor afecta principalmente a los hombres mayores de 65 años y si bien no se conocen las causas exactas que originan el cáncer de próstata, existen factores de riesgo que favorecen su desarrollo:

  • Edad: Es el principal factor de riesgo. Esta enfermedad es poco frecuente en hombres menores de 50 años y las probabilidades de padecerlo aumentan considerablemente con la edad.
  • Antecedentes familiares: El riesgo de un hombre es mayor si su padre o hermano tuvieron esta enfermedad. Cerca de un 10% de los cánceres de próstata pueden darse como resultado de una predisposición genética o hereditaria.
  • Dieta: Algunos estudios sugieren que los hombres que consumen una dieta con gran contenido de grasa animal o carne pueden tener riesgo mayor de presentar cáncer de próstata. Los hombres que consumen una dieta rica en frutas y verduras pueden tener un riesgo menor.

Tamizaje

Se denomina tamizaje a la prueba diagnóstica aplicada sobre una población sin signos o síntomas de la enfermedad para detectarla en etapa temprana. El objetivo del tamizaje es reducir la mortalidad por dicha enfermedad y reducir las complicaciones que afecten a la calidad de vida.

Esta estrategia se utiliza con éxito en la prevención contra el cáncer de mama, colorrectal y cervicouterino. Lo que ha facilitado el seguimiento de la enfermedad y el análisis estadístico para lograr desarrollar políticas públicas de salud a largo plazo que reduzcan la mortalidad y mejoren la calidad de vida de los pacientes.

Sin embargo, hasta el momento no hay evidencia suficiente que demuestre que el diagnóstico precoz del cáncer de próstata en hombres sin síntomas reduzca la mortalidad de forma clínicamente significativa. Aún no se ha comprobado que las pruebas de tamizaje para el cáncer de próstata tengan mayores beneficios que riesgos. En función de esto se sugiere evitar la detección temprana de cáncer de próstata mediante medición de PSA (antígeno prostático específico) en individuos asintomáticos.

Además, debe tenerse en cuenta que esta situación conlleva daños potenciales en la población, tales como:

  • Sobre-diagnóstico: implica detectar una condición que no llegaría a ser clínicamente significativa en la vida del individuo, ni requeriría tratamiento alguno. Por lo tanto, se expone al paciente a los riesgos y complicaciones de los estudios confirmatorios (biopsia), ansiedad y estrés psicosocial.
  • Riesgo de complicaciones asociadas a la biopsia: si bien las complicaciones serias son poco frecuentes, existe la posibilidad de sangrado y de contraer infecciones.
  • El diagnóstico en etapa temprana de tumores en su evolución indolentes, muchas veces implica la indicación de tratamientos agresivos con sus consecuentes efectos adversos (incontinencia urinaria, disfunción sexual y trastornos gastrointestinales).
Diagnóstico

Los exámenes de detección pueden identificar el cáncer de próstata en estadios más tempranos. Las pruebas diagnósticas iniciales consisten en la medición mediante un análisis de sangre del Antígeno Prostático Específico (PSA) y el examen digital a través del recto. El diagnóstico definitivo se determina a través de una biopsia prostática.

Otros exámenes diagnósticos que pueden indicarse son la ecografía endorrectal, la tomografía computada o resonancia magnética (para establecer extensión local o a distancia), el centellograma óseo y rutina de laboratorio, incluyendo la medición del PSA.

Muchos pacientes diagnosticados con un cáncer de próstata poco agresivo reciben tratamientos que ocasionan efectos adversos sobre su salud, incluso mayores a los que puede provocar la propia enfermedad. Debido al grupo etario al que afecta este tipo de cáncer y a que el tumor suele crecer muy lentamente, es frecuente que el paciente finalmente fallezca con la enfermedad y no debido a ella. Es por este motivo que, actualmente, desde la literatura y las sociedades médicas no se recomienda realizar detección temprana a la población general.

Tratamiento

En etapas iniciales en donde el cáncer se encuentra limitado dentro de la próstata se puede optar por modalidades de tratamiento localizado, como la radiación de fuente externa (radioterapia), la implantación de semillas que emiten radiación en la próstata (braquiterapia) y la cirugía radical (prostatectomía). Estos tratamientos son equivalentes en cuanto a su efectividad, pero difieren en los efectos colaterales asociados y sus consecuencias, los más comunes son la disfunción eréctil y la incontinencia urinaria.

Es aconsejable que estos tratamientos sean efectuados en centros especializados, la opción de una terapia sobre otra debe ser discutida entre el paciente y el profesional tratante, teniendo en cuenta cada caso en particular.

El crecimiento de las células del cáncer de próstata depende de la producción de hormonas masculinas como, por ejemplo, la testosterona, por lo cual el bloqueo de la producción de andrógenos constituye el pilar del tratamiento. Esto se puede lograr mediante hormonoterapia en sus distintas modalidades: aplicación de un fármaco inyectable, indicación de un fármaco por vía oral o mediante la castración quirúrgica.

Cabe destacar que estos fármacos poseen un amplio rango de efectos adversos como falta de interés en el sexo (disminución de la libido), disfunción eréctil, aumento de peso, disminución de la masa ósea (pudiendo generar fracturas de hueso), sofocos, alteración de los lípidos sanguíneos, resistencia a la insulina, disminución de la masa muscular, falta de fuerza y crecimiento del tejido mamario (ginecomastia).

La hormonoterapia puede indicarse con anterioridad a la radioterapia, en forma simultánea o posterior a esta y, en algunos casos, también puede indicarse después a la cirugía. La necesidad de combinar tratamientos se establece de acuerdo al riesgo de recurrencia que presenta el tumor en cada paciente.

En tumores de bajo riesgo se puede utilizar una estrategia de vigilancia activa realizando un seguimiento del paciente basado en el PSA, el examen físico y realizar nuevas biopsias para ver si hubo un cambio con respecto al riesgo inicial. En estos casos, ante cualquier evidencia de progresión de la enfermedad, se iniciará tratamiento con fines curativos. El objetivo de la vigilancia activa es evitar las complicaciones relacionadas con el tratamiento sin perder la oportunidad de curación.

En casos de enfermedad avanzada o recurrente, con metástasis en órganos distantes de la próstata (hueso, hígado, pulmón), la terapia hormonal constituye el tratamiento inicial y, por lo general, se requiere la combinación de tratamientos. En pacientes que no recibieron tratamiento previo con hormonoterapia puede considerarse la combinación con quimioterapia.

En algún punto de la evolución de la enfermedad bajo tratamiento hormonal, el tumor puede dejar de responder a la medicación. No se puede predecir por cuánto tiempo la terapia hormonal será efectiva, ya que esto puede variar en cada paciente. El control del desarrollo del tumor durante este tipo de tratamiento se realiza mediante la concentración de PSA en sangre.

Cuando el tumor deja de responder a la terapia hormonal inicia una etapa que se conoce como “resistente a la castración”. Los tratamientos que se aplican en esta instancia son la quimioterapia, que consiste en la administración de drogas como Docetaxel y Cabazitaxel por vía endovenosa, y una nueva alternativa de terapia hormonal recientemente desarrollada, en la que se indica medicación como Abiraterona y Enzalutamida por vía oral.