Factores de riesgo y prevención

Hábitos y estilos de vida

Factores de riesgo 3

Tabaco

El consumo de tabaco es el factor de riesgo evitable que provoca más muertes por cáncer en el mundo. Además es la causa de alrededor del 70% de los casos de cáncer de pulmón a nivel mundial.

El tabaco en todas sus variantes y en cualquier cantidad  es nocivo para la salud y adictivo, debido al contenido de nicotina. El tabaco contiene sustancias tóxicas que dañan el ADN y pueden causar cáncer.

No existen niveles seguros de consumo de tabaco.  Todos los productos del tabaco son dañinos y causan cáncer. Las personas que los consumen están expuestas a sus efectos perjudiciales para la salud cualquiera sea su nivel y forma de exposición.

El humo de tabaco contiene alrededor de 250 sustancias químicas que causan daño a la salud tanto para los fumadores como para las personas expuestas al humo de tabaco ambiental. Entre estas sustancias, se han identificado cerca de 70 que causan cáncer, entre ellas: nitrosaminas específicas del tabaco, acetaldehído, aminas aromáticas, arsénico, benceno.

Inclusive en variedades de tabaco sin humo (tabaco de mascar o en polvo) se han identificado al menos 28 sustancias químicas que causan cáncer.  Esta variedad provoca cáncer de la cavidad oral, esófago y páncreas.

El tabaco se asocia además a otras enfermedades respiratorias como la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (bronquitis crónica y enfisema), enfermedades cardíacas, aneurismas de aorta, enfermedad vascular periférica, accidente cerebrovascular.

Está demostrado que el consumo de tabaco causa distintos tipos de cáncer. A continuación se mencionan los cánceres para los cuales existe suficiente evidencia de una relación causal con el tabaco:

Pulmón

Médula ósea (leucemia mieloide)

Cánceres de cabeza y cuello

  • Cavidad oral
  • Faringe
  • Cavidad nasal y senos paranasales
  • Laringe

Cánceres digestivos

  • Esófago (adenocarcinoma y carcinoma de células escamosas)
  • Estómago
  • Colorrectal http://www.msal.gov.ar/inc/acerca-del-cancer/cancer-colorrectal/
  • Hígado
  • Páncreas

Cánceres del aparato urinario

  • Vejiga urinaria
  • Riñón
  • Uréter

Ginecológicos

  • Cuello de útero
  • Ovario (mucinoso)

Beneficios de dejar de fumar

Siempre es beneficioso dejar de fumar. Las personas que abandonan el hábito ganan sustancialmente expectativa de vida. Cualquier edad es buena para dejar de fumar y se goza un beneficio mayor al hacerlo a una edad temprana.

La expectativa de vida de personas fumadoras es al menos 10 años menor que la de personas no fumadoras. Los fumadores que dejan el hábito antes de los 40 años de edad reducen el riesgo de morir prematuramente por enfermedades relacionadas con el tabaquismo en cerca de 90%, y quienes dejan entre los 45 y 54 años de edad reducen el riesgo de morir prematuramente en casi dos tercios.

¿Cómo cambia el riesgo de cáncer luego de dejar de fumar?

Al dejar el tabaco se reduce considerablemente el riesgo de enfermedades, de padecer cáncer y de morir por cáncer.  Las personas diagnosticadas con cáncer que dejan de fumar, reducen el riesgo de aparición de un segundo tumor y el riesgo de morir por la enfermedad, en ciertos casos hasta un 30% y 40%.

A los 5 años de haber dejado el hábito, el riesgo de cáncer de boca, garganta, esófago y vejiga se reducen a la mitad. El riesgo de cáncer de cuello de útero llega a ser como el de personas no fumadoras.

Luego de 10 años, el riesgo de cáncer de pulmón es cerca de la mitad que el de una persona que continúa fumando. Además, disminuye el riesgo de cáncer de laringe y páncreas.

¿Cómo dejar de fumar?

Recomendaciones del Ministerio de Salud

Dejar el tabaco causa síntomas de abstinencia a la nicotina. No hay peligro para la salud pero los síntomas pueden resultar incómodos. Por un lado, el cuerpo está reaccionando a la ausencia de nicotina,y por el otro, se está atravesando un importante cambio de conducta al dejar un hábito.

Los síntomas suelen comenzar al cabo de unas pocas horas y alcanzan un máximo a los 2 ó 3 días cuando la mayor parte de la nicotina está fuera del cuerpo. Estos síntomas pueden incluir: mareos (pueden durar 1 ó 2 días luego de abandonar el tabaco), ansiedad, depresión, frustración, enojo, irritabilidad, problemas de concentración, cansancio, dolor de cabeza, problemas para dormir y para conciliar el sueño, inquietud o aburrimiento, mayor apetito, aumento de peso, constipación y gases, tos, sequedad en la boca, dolor de garganta, disminución de la frecuencia cardíaca, opresión del pecho. Sin embargo, los mismos empiezan a disminuir cada día que la persona permanece sin consumir tabaco.

Es importante realizar una consulta médica y contar con un profesional que acompañe el proceso mediante tratamiento farmacológico y consejería para la modificación del comportamiento. Se ha comprobado que la combinación es más efectiva que cada una de las intervenciones por separado.

Se dispone de drogas efectivas y con adecuado perfil de seguridad para dejar de fumar: Terapia de Reemplazo Nicotínico y Bupropión. La Guía de Práctica Clínica Nacional de Tratamiento de la Adicción al Tabaco publicada por el Ministerio de Salud recomienda estas drogas como tratamiento farmacológico de primera línea del intento de abandono.

En este sentido,  se recomienda el uso de terapia de reemplazo nicotínico en cualquiera de sus formas de presentación: ya que todas aumentan significativamente las tasas de abandono del tabaquismo. La misma comprende parches, chicles, comprimidos dispersables (estos tres de venta libre) y spray nasal (venta bajo receta). Por otro lado, no se recomienda el uso de propuestas con insuficiente evidencia de efectividad: cigarrillo electrónico, glucosa, acupuntura tradicional, electroestimulación, bioinformación/biofeedback, deprivación sensorial; o evidencia de ineficacia: laser, hipnosis.

Es importante que el abandono del tabaquismo se acompañe de estrategias para controlar la ganancia de peso. Los cuidados nutricionales y el aumento de la actividad física son factores claves.

Línea gratuita de atención al fumador del Ministerio de Salud de la Nación 0800-999-3040, con acceso desde todo el país.

Tabaquismo pasivo

La única forma de proteger a los no fumadores es eliminando completamente el tabaquismo de espacios cerrados.

El tabaquismo de segunda mano o pasivo, se refiere al humo de tabaco en el ambiente. Comprende el humo desprendido por el tabaco encendido (corriente secundaria de humo) y el humo que exhala el fumador (corriente principal de humo). Ha sido clasificado como cancerígeno humano por la Agencia Internacional de Investigación en Cáncer (IARC, por sus siglas en inglés), ya que la evidencia disponible indica que la inhalación de humo de tabaco del ambiente causa cáncer de pulmón. Por otra parte, algunos estudios han encontrado una asociación entre la exposición a humo de tabaco de segunda mano y cáncer de faringe y de laringe.

Asimismo, se ha establecido una asociación causal entre cáncer infantil y tabaquismo en padres. Estudios recientes han demostrado que los bebés de padres fumadores (madre, padre, o ambos, en el período de preconcepción y embarazo) presentan mayor riesgo de desarrollar hepatoblastoma, un tipo de cáncer embrionario poco frecuente. Otros estudios han encontrado una asociación entre tabaquismo en padres antes del embarazo y leucemia infantil.

¿Qué diferencia hay entre cigarrillos y cigarros puros?

Los cigarrillos están compuestos por una mezcla de distintos tipos de tabaco, no fermentados  y envueltos en papel. Cada cigarrillo contiene menos de 1 gramo de tabaco y tienen tamaños uniformes. Los cigarros puros contienen principalmente un único tipo de tabaco (curado al aire y fermentado en un proceso de múltiples pasos). Existen en distintas formas y tamaños, y pueden contener entre 1 y 20 gramos de tabaco. En general, el humo de los puros no es inhalado, en contraste al humo de cigarrillos.

Sin embargo, el humo de los cigarros puros contiene sustancias tóxicas y cancerígenas al igual que el humo de los cigarrillos y es probablemente más tóxico que estos últimos. Contiene mayores niveles de alquitrán por cada gramo de tabaco que los cigarrillos,  mayores niveles de nitrosaminas y mayor concentración de toxinas comparado con el humo de cigarrillos. Además, la exposición al humo es mayor que al fumar cigarrillos por su mayor tamaño, mayor cantidad de tabaco y el mayor tiempo que insume fumarlos.

Los cigarros puros son cancerígenos. Causan cáncer de cavidad oral, laringe, esófago y pulmón. Incluso aunque el humo no se inhale, el riesgo de desarrollar cáncer de pulmón es mayor en las personas que consumen cigarros puros que en personas no fumadoras. Los labios, boca, lengua, garganta y laringe están directamente expuestos al humo del tabaco y a las sustancias cancerígenas y tóxicas en fumadores de cigarrilllos y cigarros puros, independientemente de si el humo es inhalado o no.

Alcohol

Existe una clara asociación entre el consumo regular o alto de alcohol y el desarrollo de  7 tipos de cáncer.

También se asocia el consumo de alcohol con cáncer de páncreas, si bien la evidencia disponible es limitada.

El riesgo de cáncer aumenta según la cantidad de alcohol consumida. Además, las personas que consumen alcohol y tabaco tienen riesgos mucho mayores de padecer cáncer de la cavidad oral, de faringe (garganta), laringe y de esófago que las personas que consumen sólo tabaco o sólo alcohol.

No existe un nivel seguro de cantidad de alcohol así como tampoco existen diferencias entre tomar grandes cantidades una sola vez o  pocas cantidades en tomas sucesivas.

Una de las formas por las cuales el alcohol aumenta el riesgo de cáncer, es la conversión del etanol presente en las bebidas alcohólicas a acetaldehído, un compuesto cancerígeno que daña el ADN.

Asimismo, el etanol conduce a la generación de especies reactivas de oxígeno, las cuales producen daño oxidativo a macromoléculas como el ADN, proteínas y lípidos. El consumo de alcohol disminuye la capacidad del cuerpo para absorber nutrientes que pueden  disminuir el riesgo de cáncer como la vitamina A, folato, vitaminas C, D, E y carotenoides, y también causa un incremento en las concentraciones de estrógenos y andrógenos (hormonas que activan la proliferación celular).

Sobrepeso, Obesidad e Inactividad física

El sobrepeso y la obesidad se definen como la acumulación de grasa corporal que implica un riesgo para la salud. El Índice de Masa Corporal (IMC) es útil para estimar la grasa corporal y se calcula como el peso (en kilogramos) dividido por el cuadrado de la altura (en metros) de una persona (IMC = Peso (kg) / altura (m)2). El sobrepeso en adultos se define como un IMC de 25 a 29, y la obesidad cuando el IMC es igual o mayor a 30. La ganancia de peso y grasa corporal de una persona se atribuye principalmente a un exceso de calorías incorporada con las comidas y bebidas, y en menor medida al grado de inactividad física.

En este sentido, mantener un peso corporal saludable junto a actividad física regular y a una dieta saludable constituye un enfoque importante para la prevención del cáncer. La actividad física regular puede mejorar la salud controlando el peso corporal.

Estudios de la Agencia Internacional de Investigación en Cáncer (IARC) indican que la ausencia de grasa corporal disminuye el riesgo de los siguientes cánceres en hombres y mujeres:

  • Esófago (adenocarcinoma)
  • Gástrico
  • Colorrectal
  • Hígado
  • Vesícula
  • Páncreas
  • Mama  (post menopausia)
  • Cuerpo del útero
  • Ovario
  • Cáncer renal
  • Meningioma
  • Tiroides
  • Mieloma Múltiple

Los potenciales mecanismos que generan cáncer asociados a la obesidad están relacionados con anormalidades metabólicas y hormonales. Existe fuerte evidencia que resalta el rol del metabolismo de hormonas sexuales y de un estado de inflamación crónica.

El efecto de la actividad física que puede actuar disminuyendo el riesgo de cáncer estaría asociado a cambios hormonales, factores de crecimiento, inmunidad y mecanismos antioxidativos. La actividad física puede cambiar los niveles de algunas hormonas, como estrógenos e insulina. En las mujeres, la actividad física disminuye los niveles de estrógeno, asociado al desarrollo de cáncer de mama y útero. Asimismo, la actividad física reduce los niveles de insulina, que podría promover el desarrollo de ciertos tumores.

Hormonas

Ciertas hormonas producidas por el cuerpo pueden aumentar el riesgo de cáncer. Por ejemplo, el desarrollo de cáncer de mama se asocia, entre otros factores, a la exposición por períodos prolongados a altos niveles de hormonas producidas de forma natural (estrógeno y progesterona).

Por este motivo se ha estudiado en profundidad si las terapias que involucran hormonas pueden asociarse a un mayor riesgo de cáncer.

Anticonceptivos orales (ACO)

Los ACO contienen estrógeno y progesterona sintéticos. Se ha encontrado que su uso se asocia a una reducción del riesgo de cáncer de ovario y de cáncer de endometrio, y a un incremento en el riesgo de desarrollo de cáncer de mama y de cuello de útero. El uso de ACO se ha asociado a un mayor riesgo de desarrollar tumores benignos de hígado, mientras que la evidencia en relación al riesgo de cáncer de hígado no es tan clara.

Se ha observado que el riesgo de desarrollar cáncer de mama y de cuello de útero comienza a disminuir cuando se abandonan las píldoras anticonceptivas. Luego de aproximadamente 10 años, el riesgo se iguala al de las mujeres que no tomaron ningún tipo de anticonceptivo oral. Por otro lado, el efecto protector contra el cáncer de ovario y de endometrio se mantiene luego de décadas de haber dejado las pastillas.

Un profesional médico puede ayudar a decidir si tomar o no pastillas anticonceptivas, teniendo en cuenta los riesgos y beneficios para cada caso en particular, el estilo de vida, las preferencias personales y los antecedentes de cáncer familiares.

Terapia de reemplazo hormonal (TRH)

La TRH se puede indicar para aliviar los síntomas asociados a la menopausia que se asocian a la disminución de los niveles de estrógenos y progesterona producidos por el propio cuerpo, como los acaloramientos súbitos, sudoración, cambios de humor y cambios biológicos a largo plazo, como la disminución de masa ósea. La TRH puede involucrar estrógeno solo, o combinado con progesterona o progestina (versión sintética de la progesterona).

La terapia combinada se ha asociado a mayor riesgo de cáncer de mama, y se observó que el mismo disminuye una vez que se abandona la terapia.  Por otro lado, la TRH de estrógeno solo se asocia a un incremento del riesgo de cáncer de endometrio (no así cuando está combinado con progestina).

Ambos tipos de TRH (combinada y estrógeno sólo) incrementan el riesgo de cáncer de ovario y se ha observado que cuando se abandona la TRH, este riesgo comienza a disminuir. Asimismo, los estudios realizados han encontrado otros efectos de la TRH sobre la salud, como mayor riesgo de accidente cerebrovascular, formación de coágulos y ataques cardíacos.

Es por ello que si bien la TRH puede proveer de beneficios en el corto plazo aliviando los síntomas asociados a la menopausia, las mujeres que presenten estos síntomas deberán discutir con su médico las alternativas apropiadas para su caso particular, teniendo en cuenta los posibles riesgos asociados a su uso.

Agentes infecciosos

Ciertas infecciones ocasionadas por diferentes agentes infecciosos, como virus, bacterias y parásitos, se asocian a un mayor riesgo de desarrollar cáncer. Esto puede ocurrir porque se ven afectados los controles del ciclo celular en las células infectadas, además de la presencia de una condición de inflamación crónica y/o el incremento de susceptibilidad a otros factores de riesgo ambientales. A continuación se mencionan algunos de los agentes infecciosos asociados a mayor riesgo de cáncer.

Virus de Papiloma Humano (VPH)

El VPH es un virus de transmisión sexual muy común, que afecta tanto a varones como a mujeres. En la mujer, la frecuencia de la infección por VPH es alta en la edad de inicio de la actividad sexual. Sin embargo, más del 90% de esas infecciones suelen ser transitorias; ya que son controladas por el sistema inmune y desaparecen en un período aproximado de dos años. Sólo el 5% de las infecciones producidas por los tipos de VPH de alto riesgo oncogénico tienen probabilidad de avanzar y generar lesiones que pueden devenir en cáncer de cuello de útero  si no son tratadas a tiempo. Esto se da preferentemente en las mujeres a partir de los 30 años.

El cáncer se produce cuando hay un crecimiento anormal de las células del cuello del útero. Estos cambios celulares (denominados lesiones) son causados -en el 99% de los casos- por la infección persistente por los tipos de VPH de alto riesgo oncogénico.

El tiempo estimado, desde que se producen las lesiones hasta que se desarrolla el cáncer de cuello uterino, es entre 10 y 15 años. Este margen temporal posibilita la prevención de la enfermedad. Dado que las lesiones no se sienten ni pueden detectarse a simple vista, la realización de una prueba de testeo (tamizaje) es fundamental para prevenir este tipo de tumor.

El VPH también puede causar algunos tipos de cánceres de orofaringe y otros cánceres en las zonas genitales, menos comunes que el cáncer de cuello de útero, como cáncer de ano, vagina, vulva y pene.

Más información y documentación sobre el cáncer de cuello de útero.

Virus de Hepatitis B (VHB)

La infección crónica con el Virus de la Hepatitis B  (VHB) puede causar cáncer hepático.
El VHB se transmite normalmente de la madre al niño durante el parto (transmisión perinatal) o por transmisión horizontal (exposición a sangre infectada). El virus se transmite por contacto con la sangre u otros líquidos corporales de una persona infectada, así como a través de la saliva y los líquidos menstruales, vaginales y seminales. La infección en la edad adulta desemboca en hepatitis crónica en menos del 5% de los casos.

La principal medida preventiva de la Hepatitis B es la vacuna que en nuestro país está incluida en el Calendario Nacional de Vacunación (es obligatoria y gratuita) y se aplica una dosis a los recién nacidos dentro de las primeras 12 horas de vida y tres dosis más a los 2, 4 y 6 meses (junto con la Pentavalente). También se completan o inician esquemas de vacunación a niños de 11 años que no recibieron las dosis correspondientes, adultos y personal de salud.

Virus de Hepatitis C (VHC)

La infección crónica con el Virus de la Hepatitis C (VHC) puede causar cáncer hepático.

El VHC se transmite a través de la sangre, y las causas de infección más comunes son las prácticas de inyección poco seguras, la esterilización inapropiada de equipo médico y la transfusión de sangre y productos sanguíneos sin analizar. Aunque son menos frecuentes, otras formas de transmisión son la vía sexual y de la madre infectada a su hijo. Aproximadamente un 15-45% de las personas infectadas elimina el virus espontáneamente en un plazo de seis meses, sin necesidad de tratamiento alguno. El 55-85% restante desarrollará infección crónica. La tasa de curación depende de algunos factores tales como la cepa del virus y el tipo de tratamiento que se indica. En la actualidad no existe ninguna vacuna contra la hepatitis C.

Virus de la inmunodeficiencia humana (VIH)

El VIH se asocia a un aumento del riesgo de sarcoma de Kaposi, linfoma, cáncer de cuello de útero, hígado, pulmón y de ano en las personas infectadas.

Las personas infectadas con el VIH tienen un riesgo mayor de cáncer debido a que la infección produce un debilitamiento del sistema inmune, lo cual aumenta su riesgo de contraer otras infecciones virales. Entre los virus más importantes asociados a cáncer y cuya infección es más frecuente en personas infectadas con VIH que en no infectadas, se pueden mencionar: Virus del Herpes Humano 8 (VHH-8) que causa el sarcoma de Kaposi; el Virus de Epstein Barr (VEB) que causa algunos subtipos de linfoma no Hodgkin y Hodgkin; el Virus del Papiloma Humano (VPH) que causa cáncer de cuello de útero y algunos tipos de cáncer de ano, pene, vagina, vulva, y cabeza y cuello; los virus de Hepatitis B (VHB) y Hepatitis C (VHC) que causan cáncer de hígado.

Virus de Epstein-Barr (VEB)

El VEB es un tipo de virus de herpes. Se asocia a un riesgo mayor de linfoma y de cáncer de estómago y cáncer de nasofaringe.

Helicobacter pylori (H. pylori)

H. pylori es una bacteria que se aloja en la capa mucosa que recubre las paredes del estómago. La infección por H. pylori es una de las causas de cáncer gástrico y de linfoma del tejido linfoide asociado a mucosa (MALT).

La infección ocurre generalmente en la niñez y se estima que aproximadamente dos tercios de la población mundial porta la bacteria. No se sabe con exactitud cómo se transmite, pero se cree que se propaga de persona a persona y también puede transmitirse por fuentes de agua contaminada. Aunque no produce enfermedad en la mayoría de las personas infectadas, en algunas puede producir úlceras de estómago y gastritis crónica.

Se estima que la presencia sostenida en el tiempo de una respuesta inflamatoria predispone a la transformación oncogénica de las células del epitelio del estómago. Existen además otros factores de riesgo como el tabaquismo, la dieta, antecedentes familiares de cáncer de estómago, que podrían tener un rol en el desarrollo de la enfermedad.

La única forma de disminuir el riesgo asociado a largo plazo es erradicando la bacteria. El diagnóstico puede efectuarse mediante procedimientos endoscópicos (efectuando una biopsia) y no endoscópicos. Con respecto al tratamiento, incluye una combinación de fármacos (inhibidores de producción de ácido gástrico y antibióticos).

Factores genéticos

Factores de riesgo 1

En algunas personas, la información genética familiar puede ser un factor de riesgo que aumente la predisposición a desarrollar cáncer. Este riesgo es muy variable y no necesariamente significa una certeza de aparición de la enfermedad. La mayoría de las veces, los casos con mayor carga genética aparecen a edades tempranas y se repiten en varios individuos de la misma familia.

Existen algunas alteraciones genéticas puntuales (mutaciones) que pueden heredarse de padres a hijos y de generación en generación, que se asocian con riesgos más elevados de desarrollar cáncer y constituyen los llamados casos de “cáncer hereditario”.

Es muy importante detectar los casos de cáncer hereditario por las medidas preventivas que pueden aplicarse a todo el grupo familiar, tanto en personas enfermas como en personas sanas.

La detección de los cánceres hereditarios se hace mediante una evaluación que se llama asesoramiento genético oncológico, por médicos especialistas en este proceso. En esta consulta se pueden solicitar pruebas genéticas para buscar las mutaciones responsables del riesgo familiar y es fundamental la orientación por parte de un profesional capacitado para que las personas comprendan los resultados y tomen en cuenta los riesgos, los beneficios y las limitaciones de las pruebas genéticas en su situación particular.

Más información del Plan Nacional de tumores familiares y hereditarios

Factores ambientales y ocupacionales

Factores de riesgo 2

Según datos de la OMS, la contaminación ambiental por compuestos cancerígenos es responsable de 1 a 4% de todos los casos de cáncer. La exposición de la población general a estos productos químicos puede ocurrir a través de consumo de agua o alimentos contaminados, la contaminación del aire y suelo y la exposición en espacios cerrados.

En este sentido, el cáncer de origen laboral afecta a determinados grupos de la población expuestos a niveles mayores de cancerígenos en su ambiente de trabajo respecto al resto de la población. Muchos compuestos, mezclas y situaciones de exposición en el ambiente laboral son cancerígenos para el hombre y están clasificados como cancerígenos ocupacionales. Por ejemplo, está ampliamente documentado que la exposición ocupacional a asbesto (amianto) es en gran medida  responsable del desarrollo de mesotelioma (cáncer de la pleura,  revestimiento exterior del pulmón o de la cavidad torácica). Es importante destacar que la mayoría de los riesgos asociados a cáncer ocupacional son prevenibles en tanto que se puede evitar la exposición con medidas adecuadas en cada caso.

Una sustancia designada como cancerígeno para humanos no causará cáncer necesariamente, ya que son muchos los factores que influyen en el desarrollo de cáncer en una persona expuesta, como por ejemplo, los niveles y tiempos de exposición, así como también los factores genéticos propios de cada persona.

La Agencia Internacional de Investigación en Cáncer de la OMS ha clasificado más de 100 agentes, mezclas y situaciones de exposición como cancerígenas para humanos. Entre ellas, distintas formas de asbestos, benceno, arsénico, cadmio, óxido de etileno, sílica, benzopireno, producción de aluminio, fundición de hierro y acero, entre otras. A continuación se mencionan algunos agentes con impacto en la salud humana.

Arsénico

El arsénico es un compuesto natural de la corteza terrestre que puede encontrarse en el aire, agua y suelo. Se emite al medio ambiente como resultado de la actividad volcánica y de actividades industriales. La minería, la fundición de metales no ferrosos y quema de combustibles fósiles, son las principales fuentes antropogénicas de contaminación por arsénico. El uso histórico de los pesticidas con arsénico ha dejado grandes extensiones de tierra contaminada.

La exposición humana a niveles elevados de arsénico inorgánico se debe principalmente al consumo de aguas contaminadas (aguas subterráneas con alto contenido de arsénico natural), de alimentos preparados con esas aguas, y de productos de cultivos irrigados con aguas con alta concentración de arsénico. El tabaco y el humo del tabaco contienen arsénico. Los compuestos orgánicos de arsénico, abundantes en mariscos, son menos perjudiciales para la salud y son rápidamente eliminados por el organismo.

En su forma inorgánica el arsénico es altamente tóxico y ha sido clasificado como cancerígeno para humanos. Los compuestos inorgánicos de arsénico causan cáncer de pulmón, de vejiga urinaria, y de piel. Además, se ha observado una asociación positiva entre la exposición a arsénico y cáncer de riñón, hígado, y próstata.

Para reducir la exposición al arsénico es importante contar con una fuente segura de agua potable que no supere los límites permitidos.

Asbesto (amianto)

El asbesto es el término que designa a un grupo de fibras minerales de silicato presentes naturalmente en el ambiente. Poseen propiedades que le confieren resistencia a la degradación química, física y biológica, motivo por el cual han sido empleados en la producción de materiales termo-resistentes y de aislamiento, materiales de construcción, revestimientos, frenos de automóviles, embragues, entre otros.

Cuando los materiales que contienen asbesto se degradan, liberan las fibras al aire y al ser respirados, quedan capturados en los pulmones donde permanecen por mucho tiempo. Estas fibras acumuladas generan inflamación, problemas respiratorios y otros problemas de salud. Dado que los niveles presentes en el aire, agua y suelo son bajos, la mayor exposición a asbesto se produce a través de la inhalación de fibras presentes en el aire en el entorno laboral, en el aire ambiente próximo a fuentes puntuales como fábricas que manejan asbesto, o en el aire de espacios cerrados de viviendas y edificios que contienen material de asbesto que se desmenuza con facilidad.

La exposición al asbesto se asocia a un mayor riesgo de cáncer de pulmón, mesotelioma y asbestosis (fibrosis de los pulmones). El mesotelioma es una enfermedad relativamente rara y es el cáncer más común asociado a la exposición al asbesto.

En los últimos años, la exposición al asbesto ha disminuido debido a la regulación estricta para limitar su exposición.

Benceno

El benceno es un hidrocarburo aromático, empleado como solvente en la industria química y farmacéutica, como material de partida o intermediario en la producción de distintos materiales, como plásticos, resinas, gomas, detergentes, fármacos. Es un componente natural del petróleo crudo y la nafta. Son fuentes naturales de benceno los incendios forestales,  volcanes, así como también el humo del cigarrillo.

La exposición se produce principalmente por inhalación. La misma puede ocurrir tanto en el entorno laboral como en el doméstico. Como resultado del uso de productos que contienen benceno, como combustibles para motores, disolventes y la exposición activa y pasiva al humo de tabaco. En el aire exterior también se encuentra en el humo producto de la combustión de la nafta, el vapor de la nafta y las emisiones industriales. Los trabajadores de industrias que producen y/o usan benceno son los que presentan mayor nivel de exposición. En los últimos años se ha implementado regulación para limitar la exposición.

El benceno es un reconocido cancerígeno para humanos e incrementa el riesgo de desarrollar leucemia y otros desórdenes linfoproliferativos.

Cloruro de Vinilo

Es un gas incoloro, de un olor levemente dulce. Es un producto de origen industrial cuya aplicación principal (>95%) es la fabricación de policloruro de vinilo (PCV).

El cloruro de vinilo ha sido clasificado como cancerígeno para humanos y se asocia a un mayor riesgo de desarrollo de angiosarcoma hepático y de carcinoma hepatocelular. Asimismo, se lo ha asociado con cáncer de pulmón, cerebro, linfoma y leucemia.

El PCV representa el 12% de todo el plástico usado en el mundo y se destina su mayor parte a la producción de tuberías de plástico. Otros usos importantes del PCV son los revestimientos para suelos, materiales de envasado, aplicaciones eléctricas y en el sector de transporte. El cloruro de vinilo también está presente en el humo de tabaco como un producto de combustión.

La principal ruta de exposición ocupacional es por inhalación y ocurre en las plantas de producción de cloruro de vinilo/PCV y en las plantas de procesado de PCV. La población general puede estar potencialmente expuesta al cloruro de vinilo por inhalación de aire contaminado, ingesta de alimentos y agua contaminada, y por el humo del tabaco. Sin embargo, los niveles de exposición para la población general son muy bajos y los mayores niveles de encuentran en áreas cercanas a fábricas de productos de vinilo.

Radiaciones

Factores de riesgo 5

Radiación Solar y Ultravioleta

Radiación Solar y Ultravioleta

La energía solar que llega a la superficie del planeta incluye un amplio espectro de radiación: Ultravioleta (UV), visible (luz) e infrarroja (IR). La radiación de menor longitud de onda (ionizante) es absorbida por los gases de la atmósfera, al igual que la radiación UV-C y parte de la radiación UV-B.

La radiación solar, y particularmente la radiación ultravioleta, es cancerígena para humanos. La evidencia indica que la radiación solar causa melanoma cutáneo maligno, carcinoma de células escamosas de la piel y carcinoma de células basales. Asimismo, se observó asociación positiva entre exposición a radiación solar y cáncer de labios, carcinoma de células escamosas de la conjuntiva y melanoma ocular.

Es importante prevenir la exposición excesiva al sol. Si debemos estar al sol, usar ropa que cubra la mayor parte del cuerpo, usar protector solar, proteger los ojos con lentes que absorban la radiación UV y sombreros para proteger la  cabeza.

Por otro lado, los equipos de bronceado que emiten radiación UV (camas solares) también son cancerígenos para humanos, ya que causan melanoma cutáneo maligno y melanoma ocular. Asimismo, se encontró una asociación positiva entre el uso de estos equipos y el desarrollo de carcinoma de células escamosas de la piel.

Radiación ionizante

La radiación ionizante es una radiación de alta energía que emiten ciertos átomos en forma de ondas electromagnéticas (rayos gamma o rayos X)  o partículas  (partículas alfa y beta o neutrones). Esta energía puede ionizar la materia (extraer electrones de los átomos que la conforman) por lo cual puede causar daño al ADN. La desintegración espontánea de los átomos se denomina radiactividad, y la energía excedente emitida es una forma de radiación ionizante.

Las personas están expuestas a diario tanto a la radiación ionizante de origen natural o humano. En promedio, el 80% de la dosis anual de radiación de fondo que recibe una persona procede de fuentes de radiaciones naturales, terrestres y cósmicas. El 20% restante proviene de fuentes artificiales que incluyen la generación de energía nuclear hasta el uso médico de la radiación para fines diagnósticos o terapéuticos.

La radiación ionizante proveniente de ciertos usos médicos, como rayos X, tomografías computadas, tomografías de emisión de positrones (PET) y la radioterapia, pueden causar daño celular y con ello aumentar el riesgo de cáncer. El riesgo para la salud es considerablemente menor si la dosis de radiación es baja o la exposición tiene lugar durante un periodo prolongado (baja tasa de dosis), porque hay más probabilidades de que se reparen los daños celulares. Sin embargo, existe el riesgo de efectos a largo plazo, como el cáncer, aunque no siempre se producen este tipo de efectos y la probabilidad de que ocurran es proporcional a la dosis de radiación. La radiación ionizante puede causar leucemia y varios tipos de tumores sólidos.

En general se considera que el beneficio obtenido de su uso supera los riesgos asociados. A fin de garantizar esto último, estos procedimientos deben estar adecuadamente indicados por un profesional y realizados correctamente, para reducir la exposición a dosis de radiación innecesarias, particularmente en niños y jóvenes.

Prevención

Las principales pautas que se recomiendan son:

  • Adoptar dietas saludables que estén basadas tanto en el consumo diario de frutas y verduras (al menos cinco porciones por día) y de legumbres, cereales integrales y frutos secos, como en la reducción del consumo de grasas de origen animal (fiambres, embutidos, manteca y leche entera) y de ácidos grasos trans (productos de pastelería, snacks y golosinas, entre otros).
  • Realizar actividad física todos los días, al menos 30 minutos.
  • Evitar el tabaco y el consumo excesivo de alcohol (más de dos vasos de vino o 350 cc de cerveza por día).
  • Evitar la exposición al sol entre las 10 y las 16 horas y utilizar protectores solares y ropa que proteja la piel. Estas medidas deben extremarse especialmente en los grupos más vulnerables: niños menores de 3 años y personas de piel blanca, cabello y ojos claros. Dicha recomendación es aconsejable no sólo para aquellas personas que en periodo estival concurren a playas, piletas y lugares turísticos en general, sino también para quienes practican habitualmente deportes y para quienes trabajan en ocupaciones que se desarrollan en espacios abiertos.
  • Usar preservativo en todas las relaciones sexuales para reducir el riesgo de infecciones de transmisión sexual como el Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH), asociado con la probabilidad de desarrollar Linfoma y Sarcoma de Kaposi y el Virus del Papiloma Humano (VPH) asociado con cáncer de cuello de útero. Es importante aclarar que dado que el VPH se transmite por contacto sexual (por ejemplo, manos en contacto con zonas genitales), el uso del preservativo no evita totalmente su transmisión.

Controles para prevenir el cáncer:

  • Mujeres de 25 a 64 años:
    Realizarse el examen de PAP a fin de diagnosticar a tiempo el cáncer de cuello uterino. Es fundamental aclarar que si este estudio da resultado negativo durante dos años seguidos, puede seguir realizándose cada tres años.
  • Mujeres de 50 a 70 años:
    Realizar por parte de las mujeres sanas, que nunca padecieron enfermedades en las mamas ni tienen antecedentes familiares, una mamografía cada 2 años. Las mujeres con antecedentes familiares de cáncer de mama deberán decidir con su médico cuál es el momento adecuado para comenzar con los controles.
  • Hombres y mujeres de 50 a 75:
    Realizar el test de sangre oculta en materia fecal inmunoquímico.
    Éste se utiliza para saber si hay presencia de sangre en la materia fecal, no observable a simple vista. Varias son las causas que pueden generar la aparición de sangre oculta en la materia fecal, entre ellas los pólipos o el cáncer colorrectal. Una ventaja de este examen es su simpleza y que puede ser realizado por la persona en su propia casa.